RIO+20

 

Antecedentes sobre las Conferencias de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

Estas cumbres reúnen a los gobiernos para debatir y acordar una serie de principios o premisas que debieran regir para el desarrollo, incorporando la dimensión ecológica al resto de variables a considerar. A la par, distintas organizaciones se hacen presentes ya sea en las instancias de consulta “oficiales” como en los foros sectoriales “autoconvocados”.

La primera se realizó en 1972 en Estocolmo; luego en Río de Janeiro en 1992 (Eco 92, Cumbre de la Tierra) y la última en 2002, en Johannesburgo, también llamada Río +10. Este año se realiza nuevamente en Río de Janeiro, difundida como Río +20.

La Cumbre en Estocolmo (1972) por vez primera introdujo en la agenda política internacional la dimensión ambiental y su función de límite y condicionante del modelo tradicional de crecimiento económico y el uso de los recursos naturales. Entre sus resultados concretos está la creación del Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA), para asistir a los gobiernos en la implementación de políticas ambientales. Participaron 113 países y lógicamente en aquel momento ya se expresaron entre los planteos de los gobiernos del “tercer mundo” y los “desarrollados” contradicciones ligadas a la opresión colonial, los precios de las materias primas, el derecho soberano a la explotación de los recursos naturales, las transferencias financieras y de tecnología para solucionar los problemas ambientales producto del propio subdesarrollo, etc. En relación a esto, la declaración final expresa varios contrasentidos. Aún a pesar de sus limitaciones respecto al número y composición los encuentros ecologistas “extraoficiales” jugaron un rol con sus debates.

La Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992) fue en cantidad y en calidad muy superior. Participaron 172 gobiernos (108 eran Jefes de Estado), 2.400 representantes de ONGs en representación “oficial” y más de 17.000 personas en el Foro de ONG paralelo, al que se atribuyó estatus consultivo. En lo institucional, los resultados más destacados fueron el acuerdo sobre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (base para el Protocolo de Kioto 1997, referido al control de emisión de gases de efecto invernadero); la Declaración de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo; y la Agenda 21, una lista de acciones y objetivos recomendados a los gobiernos, de cara al siglo XXI (de allí el nombre).

La Declaración de Río enuncia principios rectores que mantienen una gran vigencia y claridad, sintetizando los debates expresados anteriormente respecto al colonialismo; la soberanía de los estados en el aprovechamiento de sus recursos; el rol de los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo, diferenciando responsabilidades.

Incorpora el concepto de desarrollo sostenible como la posibilidad de satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades, equilibrando lo ecológico, lo económico y lo social. También el principio precautorio, es decir, que en caso de riesgo deberán adoptarse medidas protectoras aún cuando no exista certeza científica de las consecuencias para el medio ambiente.

Destaca el derecho de la población a participar y al acceso de la información ambiental, señalando que los Estados deben fomentar y facilitar ambas cuestiones. Señala la importancia de la participación de los jóvenes, su creatividad e ideales para el logro de un desarrollo sustentable. También el rol las mujeres en todo lo que hace al medio ambiente y el desarrollo, y la necesidad de garantizar su participación en las decisiones. En igual sentido con los pueblos indígenas y sus comunidades, respetando sus conocimientos y prácticas tradicionales, la necesidad de reconocer y apoyar debidamente su identidad, cultura e intereses y hacer posible su participación efectiva.

La Cumbre de Johannesburgo (Río+10, en 2002) no significó un paso adelante a la de Río. El avance de las grandes corporaciones que lideraron la economía mundial durante esos diez años también se hizo presente en la Cumbre, no ya participando en su propio foro empresarial, como sucedió en Estocolmo y Río, sino influenciando directamente sobre los gobiernos de los principales países, creando incluso sus propias ONGs “ecologistas”, que lograron un lugar destacado en la participación “oficial” de la sociedad civil, de por sí muchísima más limitada que la cumbre anterior. El resultado fue una declaración final que pasó sin pena y sin gloria, con definiciones genéricas y pocos o nulos avances concretos.

Como es sabido, en los primeros años del nuevo siglo se fue gestando un nuevo proceso en Latinoamérica. A pesar de la continuidad del saqueo a lo largo de su historia, este territorio que representa solo el 15 % de la superficie del planeta sigue albergando la mayor diversidad de especies y de eco-regiones del mundo, como así también un tercio de la disponibilidad mundial total de recursos hídricos renovables y una importante porción de los recursos energéticos y minerales. El agotamiento del consenso de las recetas neoliberales aplicada en los noventa, la entrada en escena de nuevos actores sociales y políticos y el recambio de gobierno en muchos de los países de Sudamérica configuraron un escenario distinto, a la par de la crisis financiera de las principales potencias económicas y el crecimiento de la demanda por parte de países asiáticos como China e India.

En alguna medida, la iniciativa tomada por el gobierno de Bolivia en 2010, convocando a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, previa a la reunión de los gobiernos por el Cambio Climático realizada en Cancún, supo interpretar este nuevo escenario y se constituyó en los hechos en la línea de continuidad de los principios de Río 92. Logró reunir a 35.000 representantes de movimientos sociales y pueblos indígenas de 147 países, encarando una negociación para que varias de sus premisas fueran finalmente incorporadas en la declaración final de los gobiernos.

La Declaración de la Cumbre de los Pueblos de Bolivia reconoce al sistema capitalista y su modo de producción y consumo asentado en la maximización de la ganancia, como la principal causa del calentamiento global que acecha al planeta. Introduce por primera vez el concepto de los Derechos de la Madre Tierra, planteando la recuperación, revalorización y fortalecimiento de los conocimientos, sabidurías y prácticas ancestrales de los Pueblos Indígenas, afirmados en el concepto del “Vivir Bien”. Esto asentado sobre las bases de complementariedad, solidaridad, bienestar colectivo y eliminación de toda forma de colonialismo, entre otros aspectos. Señala responsabilidades concretas para los países del “primer mundo”, en especial de los que como EE.UU se niegan siquiera a participar junto al resto de países.

Rumbo a Río+20

La Cumbre de los Pueblos Río+20 – para la Justicia Social y Ambiental es un evento organizado por la sociedad civil global que se llevará a cabo entre el 15 y 23 de junio en el Parque Flamengo en Río de Janeiro – en paralelo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (CDS), Río+20.

¿Por qué?
Río+20 oficialmente conmemora el vigésimo aniversario de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Río 92 o Eco 92). En estas dos décadas, la falta de acción para superar la injusticia social y ambiental ha frustrado las expectativas y desacreditado a la ONU. El orden del día previsto para Río+20 oficial -la llamada “economía verde” y las instituciones mundiales- es considera por nosotrxs insatisfactorio para hacer frente a la crisis del planeta, causado por los modelos de producción capitalista y de consumo.

Para hacer frente a los desafíos de la crisis sistémica, la Cumbre de los Pueblos no sólo será un gran evento. Es parte de un proceso histórico de acumulación y convergencia de las luchas locales, regionales y mundiales, que se caracteriza por la política de la lucha anticapitalista, clasista, anti-racista, anti patriarcal y anti-homofóbica.

Queremos transformar Río+20 en una oportunidad para abordar los graves problemas que enfrenta la humanidad y demostrar el poder político del pueblo organizado. “Vamos a reinventar el mundo” es nuestro llamado a la participación de las organizaciones y movimientos sociales en Brasil y el mundo. La convocatoria de la cumbre mundial se llevó a cabo durante el Foro Social Temático (www.fstematico2012.org.br) el 28 de enero en Porto Alegre (RS). El Foro de este año fue, de hecho, preparatorio de la Cumbre.

¿Cómo?
El Comité facilitador de la Sociedad Civil para Río+20 (CCS) está preparando el diseño de la Cumbre de los Pueblos. El espacio se organiza en grupos de discusión autogestionados, la Asamblea Permanente de los Pueblos y un espacio para que los movimientos sociales y organizaciones expongan, participen y dialogen con la sociedad acerca de sus experiencias y proyectos. Las acciones de la Cumbre están todas interconectados.

La idea es que la Asamblea Permanente de los Pueblos -el principal foro político de la Cumbre-, se organice alrededor de tres ejes y discuta las causas estructurales de la actual crisis de la civilización, sin fragmentarlo en crisis específicas -energía, financiera, ambiental, alimentaria-. Con esto, buscaremos construir nuevos paradigmas y alternativas desde los pueblos y elaborar la agenda política para el próximo período.

¿Cuándo?
Los dos primeros días de la Cumbre (15 y 16 de junio) se regirán por las actividades organizadas por los movimientos sociales locales. Desde entonces, se creará un espacio de acceso libre, donde las organizaciones y los movimientos globales de la sociedad civil presentarán experiencias y proyectos que demuestran cómo se puede vivir en sociedad de manera sostenible y solidaria, a diferencia del paradigma imperante en la actualidad.

Por lo tanto, el territorio de la Cumbre de los Pueblos se organizarán de una manera libre de la presencia de las empresas y sobre la base de la economía solidaria, la agricultura, las culturas digitales, y acciones de las comunidades indígenas y otros pueblos. Este encuentro de la ciudadanía, que también contará con lugares de interés cultural, estará abierto hasta el final de la Cumbre el 23.

En el Día 17, la organización de la Cumbre prepara una marcha para conmemorar el evento. A partir del día 18, comienzan las discusiones autogestionadas y la Asamblea Permanente de los Pueblos. El 20 de junio es el Día Internacional de la Movilización, con manifestaciones que enviarán un mensaje claro y directo para el Río+20 oficial.

Documentos Anexos

Declaración de Estocolmo (1972):

http://www.otrodesarrollo.com/desarrollosostenible/DeclaracionEstocolmo1972.htm

Declaración de Río (1992):

http://www.otrodesarrollo.com/desarrollosostenible/DeclaracionRioEco92.htm

Declaración de Johannesburgo (2002):

http://www.otrodesarrollo.com/desarrollosostenible/OnuJohannesburgoDeclaracion.htm

Declaración de la Cumbre de los Pueblos de Bolivia (2010):

http://www.funsolon.org/index.php?option=com_content&view=article&id=152:acuerdo-de-los-pueblos&catid=29:cambio-climatico&Itemid=43

Declaración Foro Temático Porto Alegre (2012):

http://otramerica.com/radar/declaracion-de-la-asamblea-de-los-movimientos-sociales/1414http://otramerica.com/radar/declaracion-de-la-asamblea-de-los-movimientos-sociales/1414

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